Últimamente me rondan tantos problemas por la cabeza que he dejado de contarlos. No, este no es un texto precisamente positivo, pero me dejaré llevar por el pesimismo, aunque sea por una vez. Espero que no me lleve muy lejos, para que así sepa volver...Bueno, de lo que os venía hablando: Mis problemas. En realidad, todos se pueden resumir en un dilema. Uno que me lleva de cabeza. No sé si arriesgarme una vez más, o dejarlo estar. ¿El qué? Bien, no creo que venga a cuento. No me entretendré dando nombres, ni fechas, ni lugares. Hablaré de algo más abstracto. Veréis, en mi interior se debaten dos voces, y...No logro distinguir cuál de las dos es la mía. Una me dice que si insisto más podría llegar a tambalearme en la delgada línea que existe entre luchar por lo que uno se propone y la desesperación por conseguirlo. Sus primitivos instintos también me dicen que aunque obtenga resultados directos, a la larga no me sentiré mejor gracias a ellos, pues todo quedará en lo superfluo. Pero entonces llega la otra voz. Si el anterior era un Pepito Grillo reflexivo, este es sin duda un Pepito Grillo "rebelde", por llamarlo de alguna manera. Es impaciente y se precipita sin pensar en las consecuencias. Es seductor, pues no sé como lo consigue, pero siempre acabo haciéndole caso. Y por eso frecuentemente meto la pata. Y además hasta el fondo. Sé que si le escucho acabaré hecha pedazos, por millonésima vez. Pero para qué mentir, ya no me importa. Llega un momento en el que se pierde el miedo a fallar. Directamente se sabe que se va a fallar. Cuando ya no tienes nada a lo que aferrarte, y no haces más que tirarte a una piscina sin agua, una y otra vez, abriendo de nuevo heridas que ya casi estaban curadas. Me gusta pensar que algún día llegará algo que me aporte nuevas esperanzas, porque desde luego el depósito se ha ido quedando vacío. Quizá llegue alguien que me enseñe que no todo es tan malo como parece ser. Pero hasta entonces, la espera puede ser muy larga...Y no queda más remedio que aguantar, sacando fuerzas de donde no las hay mediante esas odiosas sonrisas forzadas, fingiendo que todo marcha bien, pese a que fingir que no duele, duele el doble.